El olivar y su efecto en el cambio climático

Foto: Thomas Wagner.

En los últimos tiempos, y más en estos días de olas de calor sofocante por toda España, escuchamos por todas partes las palabras cambio climático, consecuencia directa de la contaminación y cuyos efectos ya se dejan notar en la biodiversidad, con muchos ecosistemas en riesgo de desaparición; en temperaturas extremas; en la disminución de precipitaciones y aumento de la desertización; en fenómenos meteorológicos extremos; en el deshielo… y podríamos seguir enumerando muchos más.

Científicos de todo el mundo han avisado que quedan 11 años para el desastre climático, y aunque quizás esto pueda resultar algo alarmante, lo cierto es que si no hacemos algo el desastre llegará más pronto que tarde y por ello, desde muchos ámbitos se reclama una ley del cambio climático.

Mientras llega, toda contribución es poca, y por suerte, cada vez son más las campañas informativas y las iniciativas las que se están poniendo en marcha para mitigar esta situación, entre ellas, la reducción del uso de plásticos (en el sector AOVE hay algo importante entre manos de lo que ya daremos cuenta…).

Pero ¿sabías que el cultivo del olivar también contribuye a mitigar este cambio climático?

Este árbol es capaz de absorber el CO2 de la atmósfera y almacenarlo, tanto en la planta como en el suelo. Según un estudio del Consejo Oleícola Internacional (COI), en la producción de un litro de aceite de oliva se puede capturar hasta 10,65 kg de CO2 de la atmósfera. Además, apunta que la producción mundial de aceite de oliva podría incluso absorber las emisiones de CO2 de una ciudad de más de siete millones de habitantes.

Olivar ecológico

Y si hablamos de olivar ecológico y su contribución al cuidado del medio ambiente, el indicador se dispara. Según un estudio de la Asociación de Valor Ecológico, Ecovalia, la reducción promedio de la huella de carbono en olivar es de más del 100% en producción ecológica.

Este estudio señala que el cultivo del olivar ecológico contribuye a mitigar la emisión de gases de efecto invernadero a través del secuestro de carbono en el suelo.

Foto: Thomas Wagner.

Y esto es gracias a la aplicación de cubiertas vegetales, restos de poda y abonos orgánicos. Las tres prácticas tienen un alto potencial de secuestro de carbono, y todas ellas se basan o pueden basarse en recursos de la propia finca, como el alperujo compostado aplicado como abono orgánico.

Además, estas prácticas no dependen de fuentes externas, que podrían estar limitadas a nivel local, así que pueden extenderse por todo el territorio. Si estas prácticas culturales se generalizaran más aún, se conseguiría que la huella de carbono en olivar pudiera ser aún más baja.

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