Agricultura de precisión aplicada al riego del olivar

Riego eficiente, ahorro de agua y energía, control de plagas y enfermedades, reducción de insumos, aumento de la producción, minimización de riesgos o ayuda en la toma de decisiones. Éstos son sólo algunos de los beneficios de la Agricultura de Precisión o combinación entre agricultura y nuevas tecnologías. Y es que ni el campo escapa a la evolución tecnológica, y su aplicación a cultivos como el olivar está a la orden del día. De hecho, aquéllos que lo han probado aseguran haber conseguido una gestión más óptima y precisa del cultivo con excelentes resultados en el producto.

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La combinación entre agricultura y nuevas tecnologías surge en los años 90 y desde entonces no ha parado de evolucionar. De manera progresiva se han ido incorporando nuevos métodos, dando respuesta a diferentes problemas y haciendo que el trabajo sea más preciso. En este artículo me voy a centrar en la agricultura de precisión aplicada al riego del olivar, pero este tipo de agricultura se puede aplicar también a otros trabajos en el sector, como la determinación del momento óptimo de recolección de la aceituna para lograr un aceite de la máxima calidad. Esto es algo que aplican compañías como Castillo de Canena, donde están muy concienciados de las ventajas que les supone la aplicación de este tipo de técnicas agrícolas. Hace unas semanas, publicábamos en OLEO Revista que gracias a la agricultura de precisión han sabido saber cuál es el momento exacto en el que debían de comenzar la recolección en cada una de sus variedades.

 

Gestión del riego

Estrés hídrico sobre aceituna. Foto: Agroconsulting.

Volviendo a la gestión del riego, la agricultura de precisión permite, entre otras cosas, monitorizar el olivo y mantener y determinar su estado hídrico mediante un sistema de riego inteligente, capaz de mantener la humedad constante del bulbo. Esto permite su adaptación en épocas que, por las condiciones climatológicas, el árbol presenta una mayor necesidad de agua. Con este tipo de “riego inteligente” se consigue también una gestión racional y precisa del agua, de manera que sólo se aplicará cuando el olivo lo necesite. Esto, a su vez, permitirá modular el tipo de aceite que se quiera obtener, tanto a nivel organoléptico (más o menos picante, amargo, dulce, compensado, equilibrado…), como sus componentes funcionales (polifenoles, fitoprostanos u otros componentes minoritarios…), los cuales podemos aumentar o incrementar su cantidad en los aceites en función del estrés hídrico al que sometamos al olivo.

 

Monitorización Suelo-Planta-Clima

Foto: Agroconsulting
Foto: Agroconsulting

Una de las formas de gestionar el riego es a través de la  Monitorización Suelo-Planta-Clima que plantea la firma Agroconsulting, sistema que “permite monitorizar el olivo en tiempo real, a través de cualquier dispositivo móvil (pc, Tablet o teléfono móvil), supervisando de forma directa la evolución de la humedad del suelo, el estrés al que está sometida la planta y las condiciones climáticas de la finca”, aseguran sus responsables. De este modo, se puede adaptar la gestión del riego a las necesidades hídricas del árbol en cada momento y según el estado fenológico en el que se encuentre, reduciendo el estrés hídrico que pueda sufrir a lo largo de su ciclo productivo y así poder obtener la máxima producción y la mínima vecería de cara al año siguiente.

 

Aplicaciones prácticas

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Foto: Innoliva.

En el sector  del olivar son varias las empresas que trabajan con agricultura de precisión aplicada al riego. Una de ellas es la navarra Innoliva que desde 2009 cuenta con un sistema que le permite dotar a sus campos de “inteligencia” en la gestión del riego, aplicando nuevas tecnologías de monitorización en la respuesta del olivo ante el agua aportada. Según nos explica su presidente, Miguel Rico, “entendemos el agua como un buen escaso y su ahorro importante, por lo que nuestro campo dispone de sensores estratégicamente colocados que miden la humedad de la planta en cada momento y, en combinación con un potente sistema informático, nos informan puntualmente de las necesidades de las plantas emitiendo las órdenes precisas para que, a través de los más de 17.000 km de tuberías y por goteo, llegue el agua necesaria y la alimentación precisa a cada uno de los casi diez millones de árboles que contienen nuestras fincas”.

Añade que el hecho de que “los árboles no tomen más agua de la necesaria supone un gran ahorro de este escaso bien y defiende a nuestra plantación ante posibles tiempos de escasez en el futuro, garantizando además que tanto el aporte de agua como la alimentación sean los estrictamente necesarios sin excesos, lo que supone una gran ayuda contra la degradación del medio ambiente”. 

De esta manera, la empresa ha logrado mantener el especial cuidado que le presta a sus olivos sin derrochar un bien tan escaso y preciado como el agua, al tiempo que es capaz de hacer frente a las condiciones climáticas más difíciles sin que esto afecte a su producción.

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ZIM Water Sensor Probe. Foto: Castillo de Canena.

Por su parte, los responsables de la firma jiennense Castillo de Canena son capaces de medir el nivel de hidratación que tienen las hojas de sus olivos gracias a ZIM Water Sensor Probe, un sensor/sonda que les proporciona una medición continua, no invasiva, de la presión de turgencia de la planta, relacionada directamente con el crecimiento y productividad del olivo.

Tal y como explican desde la propia compañía, “la información aportada por el sensor y que podemos monitorizar en tiempo real vía internet, nos permite realizar un riego a la demanda ajustando el tiempo de riego y la cantidad de agua aportada. Para adecuar la demanda de riego, el sensor coge información de la temperatura ambiente y de la humedad y tiene en cuenta la fase fenológica en la que se encuentra el cultivo”.

Esta compañía jiennense cuenta desde 2009 con un total de nueve Estaciones de Control equipadas con indicadores de clima, que permiten monitorizar la velocidad del viento, las precipitaciones, la humedad, la temperatura o la capacidad fotosintética, entre otros aspectos; también cuentan con indicadores de suelo, es decir, sondas medidoras de humedad  en profundidades; les aportan datos de campo relacionados con los nuevos brotes, flores fértiles, etc.; e indicadores de planta o dendrómetros que  miden las diferencias en micras del perímetro del tronco del árbol. Y con todos estos datos pueden conocer la situación fisiológica de los olivos de los distintos pagos en tiempo real y conocer cuáles son sus necesidades.

“Concretamente, nos permiten determinar cuándo y en qué dosis debe realizarse los tratamientos de fertilización y fitosanitarios; lo que nos permite asegurar un adecuado uso de los mismos. Con ello, se garantiza el compromiso que Castillo de Canena tiene con el medioambiente,  asegurando la premisa de ‘cero residuos’ en todos sus aceites”, aseguran sus responsables.

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Olivar de Castillo de Canena.

Éstos son sólo algunos ejemplos en los que podemos ver cómo el uso de las nuevas tecnologías pueden convivir y hacer más rentable y sostenible una explotación agrícola, en este caso un olivar, contribuyendo a un cultivo eficiente y la obtención de un producto de máxima calidad.

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